jueves, 19 de febrero de 2015

Donna Tartt al ataque.

..sobre el brillante hormigón pintado con epoxi entre mis zapatos. 
(El jilguero. Donna Tartt)

La palabra "epoxi" es un adjetivo para una resina o es el nombre que los químicos le dan a una cosa. 

Supongamos que usted -como el protagonista y narrador de "El jilguero"- se ve envuelto en un tiroteo     y -empapado en sangre- teme por la vida de su mejor amigo. Nos está contando usted esta escena tremenda y -en vez de decirnos que la pistola cayó al suelo nos dice que cayó sobre el brillante hormigón pintado con epoxi. 

No se enfadará usted si interrumpimos el emocionante relato para consultar el DRAE. Y no se enfadará usted si le decimos que muchas gracias por habernos obligado a consultar el DRAE y que felicidades por su erudición pero que podría habernos ahorrado la palabra. 

A la bonita novela de Donna Tartt le pasa esto a menudo. 

Samosa.

...para comer samosas y helado de mango. 
(El jilguero. Donna Tartt.) 
Otra palabra que no viene en el DRAE, vigésima segunda edición. Las samosas son empanadillas un poco paquistaníes, o indias. 

sábado, 31 de enero de 2015

Cimacio.

...deslizando un dedo por la curva de un exquisito cimacio... 
(El jilguero. Dona Tartt)
Aquí cimacio es moldura. Theo, el protagonista, se ha convertido en vendedor de muebles antiguos. Los vendedores de muebles antiguos saben distinguir entre una moldura cualquiera y un cimacio. Y, por supuesto, pueden disfrutar pasando el dedo por un cimacio exquisito y notar que no es cualquier cimacio sino uno exquisito.

domingo, 25 de enero de 2015

Origami.

No viene en el DRAE.
-Vaya, gracias -respondí mirando el origami verde con puntas que tenía en la palma. (El jilguero.  Donna Tartt)
Al parecer es un término japonés que significa "papiroflexia".

martes, 21 de enero de 2014

Dos óbolos hacen un escrúpulo.

El escrúpulo es esa piedrecilla que se mete en el zapato (cuarta acepción) y no te deja andar. Es pequeña, sí, pero hace pupa. Si, en vez de meterse en el zapato, el escrúpulo se mete en la conciencia desasosiega el ánimo  (primera acepción).
Llamamos escrupuloso al honrado contable que cuenta hasta el centavo (tercera acepción).
Llamamos escrúpulo de monja -o de Marigargajo- al infundado y pueril. Y aquí debo decir que no somos justos con las monjas cuyos escrúpulos no suelen ser ni infundados ni pueriles como los de Marigargajo.

¿Puede haber algo más pequeño que un escrúpulo? Sí, medio escrúpulo. Y el medio escrúpulo se llama óbolo (tercera acepción). Pero también se llama óbolo a esa pequeña cantidad con la que se contribuye a un fin determinado (primera acepción). Ustedes se preguntan que cómo de pequeña debe ser la cantidad para que la llamemos óbolo y el DRAE -siempre escrupuloso- nos informa exactamente: el óbolo es la sexta parte de la dracma.

¿Se acuerdan ustedes del óbolo de la viuda?
Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. (Mc 12, 41-42)
 Así que, al final, un óbolo de viuda son dos moneditas que, juntas, suman la cuarta parte de un as. Y a Jesús le encantó el óbolo de la viuda porque esas dos moneditas -que eran casi nada-  eran todo lo que ella tenía para vivir.

Y a usted, amable lector, y a mí se nos meten esas dos moneditas de la viuda en el zapato de la conciencia como medio escrúpulo que no desasosiega pero casi.

viernes, 1 de febrero de 2013

Difidente.

Difidente quiere decir que desconfía.
Desde que leí (ayer) este escolio de Gómez Dávila No generalicemos sin sonrisa difidente, he usado varias veces el adjetivo con el secreto propósito de provocar alguna sonrisa difidente, pero nada.
A un amigo le he dicho:
-Te noto, no sé, difidente.
Y me ha respondido encogiéndose de hombros:
-Pues yo estoy igual que siempre.
He provocado con mi experimento varias miradas burlonas, algún gesto de impaciencia y un ¿tú estás tonto o qué? Pero ni una sonrisa difidente.

miércoles, 30 de enero de 2013

A río revuelto...

...ganancia de pescadores.

Esopo lo explica todo. En su fábula 26 (El pescador que batía el agua) habla de una técnica -vieja, por lo visto- para pescar en el río. Se pone una red de orilla a orilla. El pescador sube, corriente arriba, y luego baja batiendo las aguas y removiendo el lodo de tal modo y manera que obliga a los peces a bajar hacia la red que les ha tendido. Allí los acorrala -o los enreda- y los pesca. En la fábula de Esopo aparece un vecino que se queja: has enturbiado las aguas y no podemos beber. El pescador se defiende: ¿Qué le vamos a hacer? ¡Yo vivo de esto!
Y el que puso las moralejas a las fábulas de Esopo, escribió al final de esta: Así también los demagogos de las ciudades cumplen mejor su cometido cuando arrastran su patria a la discordia.